Bajó rapidamente las escaleras y se quedó pensativa por un instante. "¿Cuánto tiempo llevo haciendo las cosas aprisa y corriendo?" Pero se dio cuenta de que tampoco tenía tiempo para pensar en eso y continuó su camino.

Mientras salía por la puerta del portal echó un rápido vistazo de reconocimiento en busca de su coche. Apenas hacía unos minutos que lo había aparcado y ya no recordaba donde se encontraba.
"Puede que sea hipocondriaca", se decía a menudo, pues se notaba graves faltas de memoria que se sumaban a su rodilla y a su claustrofobia inventada. Tendía a elevarlo todo a la enésima potencia y eso mataba su pequeña cabeza.

Una vez montada en el coche pensó en poner música, cosa que no llegó a hacer pues su mente se lo impidió de una forma sutil.

Recordaba el mensaje en el contestador de Dani y no podía entender como lo hacía para salirse siempre con la suya.
"No soy nada dura, no me pongo en mi sitio"
.
Pero a pesar de que lo pensaba, nada podía hacer. Habían entrado en una espiral sin sentido que más bien parecía un cuento de Stephen King. Nunca sabía lo que podía suceder.

Nunca.

Sólo que en cualquier momento la pesadilla volvería.

Se encaminaba hacia el lugar de siempre, donde Dani debería llevar esperándola ya un rato largo. Pero aunque él esperaba, ella no tenía prisa por llegar.

Se tomaba ese tramo como un momento de reflexión. Debía decidir que hacer si no quería seguir toda la vida igual. Debía decidir rápido hasta donde estaba dispuesta a hipotecar su vida por alguien a quien no quería.

"Pero sí le quiero... a mi modo".

Pero también sabía que a veces los modos no son suficientes.

Y mucho menos, necesarios.